viernes, octubre 16, 2009

CAMINO A LA NORIA (parte 2)

En julio de este año, Henar Torinos, una dibujante española, me propuso hacer una historia corta de 10 páginas para un Fanzine que saldría en noviembre en el Salón del Manga de Barcelona. Pese a no tener en ese momento ninguna idea latente que se adapte a los requisitos, no dudé ni un instante en aceptar la propuesta. Y así fue que mientras pensaba en algo nuevo y revisaba los archivos de stock de historias, me acordé de aquél "fast food" que tenía forma de Noria y decidí utilizarlo.


Como sólo tenía un ámbito, cualquier cosa podía salir de ahí. Así que como primera medida le consulté a Henar si la idea de situar una historia en un lugar tan extraño le parecía viable o lo creía una locura total. Su respuesta afirmativa dio el puntapié inicial a la cuenta regresiva, pues había que entregar todo a mediados de septiembre y ya estabamos terminando julio.


Una cerradura rota me impedía el acceso al viejo cuadernito donde tenía anotada la idea, así que para explicarle a Henar cómo funcionaba este extraño bar, tuve que rehacer el dibujo nuevamente, y al hacerlo comencé a definir ciertas cosas: En primer lugar, no tenía sentido que el restaurante sea un "fast food", porque las Norias giran muy lentamente. Tenía que ser un bar, y estar sobre la costa.

Y en segundo lugar se me presentó el primer problema: la forma de la Noria. Yo quería que fuese rectangular, para diferenciarla de la atracción de los parques de diversiones, y por una cuestión funcional que se explica viendo el esquema. El problema era que no podía ser rectangular y pretender que girara. Entonces le mandé un dibujo explicativo a Henar analizando todo cuanto había descubierto, y mencionando además que la única posibilidad de no caer en el diseño circular, era inventar un complejo sistema de cadenas que muevan las cabinas, reemplazando a la rueda giratoria.



Ésto no sólo me parecía complejo e inverosímil, sino que era casi imposible de plasmar. Incluso a mí me resultaba complicado explicárselo a ella. Por lo que decidí que la Noria fuera redonda y terminar con el problema.



A esta altura ya ni siquiera esperaba que Henar me entendiera, de hecho pensé que se espantaría. Para cuando yo le envié el mail aclarando estas cuestiones, ella no sólo ya había pensado en este sistema de cadenas, sino que en lugar de descartarlo como hice yo, resolvió su funcionamiento de manera clara, simple y verosímil. Una vez más quedó demostrado el intelecto superior de la mujer, por sobre el del hombre.





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