Nunca es bueno el ocio.
Siempre es mejor estar ocupado,
tener la mente proyectando,
pensando en un futuro cercano,
o en alguno lejano.
Trabajar, tener inquietudes, deseos, metas y planes,
concretar viejos propósitos,
y preparar algunos nuevos.
Pero de tanto en tanto,
luego de estar días enteros ocupado,
sin tener siquiera tiempo para pensar en lo que estás haciendo,
ahí mismo, entre planificación y planificación,
nunca viene mal tomarse unos días para la distensión.
Pero no un breve momento, sino un par de días completos.
Dos, tres, cuatro, cinco, o los que sean necesarios.
Y no hablo de recreación esporádica entre trabajo y trabajo,
me refiero a recreación pura, absoluta,
sin nada mejor que hacer que descansar y vivir.
Sin pensar en los planes futuros ni en los proyectos,
sólo relajarse y no pensar,
o sólo pensar en relajarse.
Hasta llegar al límite extremo entre el descanso y el desperdicio de la propia vida,
y desde luego, sin culpas.
Esto es necesario y hace mucha falta,
nos ayuda a renovar energías, para seguir viviendo.
Siempre es bueno el ocio.
