sábado, junio 27, 2009

SIENDO CHAVO NO VIVÍ EN EL "8", PERO IGUAL FUI VECINO DE LA BRUJA


Hace mucho tiempo ya, cuando yo era muy pequeño. Incluso mucho tiempo antes de pensar siquiera en convertirme en guionista, o que mi fanatismo por el cine y la televisión comenzara. Antes de todo eso, primero fui fanático de "El Chavo".










Al día siguiente de mi primer cumpleaños, por motivos laborales de mi padre, nos fuimos a vivir a México, y pronto nos instalamos en el sexto piso de un importante edificio del Distrito Federal.

En aquél lugar, que sólo tenía dos departamentos por piso, tuvimos el placer, la suerte (y una extraña puntería), de disfrutar de una vecina de lujo: la señora Angelines Fernández, mejor conocida como "Doña Clotilde, la bruja del 71".










Poco y nada recuerdo de ella, pues yo era demasiado chico para recordar algunas cosas. Pero sé que pasaba mucho tiempo en casa, y que mi madre solía remendarle el vestido y el gorro que usaba para el personaje de "La bruja", cada vez que se le rompía o se le descosía.

El tiempo pasó, y seguramente muchísimos recuerdos quedaron perdidos en aquél lugar al que ya nadie tendrá acceso jamás, excepto por estas pequeñas fotos que sirven como único medio transporte y me permiten asomar la nariz por mi antigua casa y por un pasado que no volverá.

A principios de los años ochenta, en aquél sexto piso, al que años después nos veríamos obligados a dejar a causa de un terremoto que quedaría en la memoria de todos los mexicanos, Angelines Fernández me hizo un regalo tan maravilloso que se transformó en uno de esos tesoros personales que con el correr de los años aprendemos a valorar cada día más.
Un tesoro que no sólo tiene un valor emotivo y afectivo, sino que es uno de esos que uno se llega a preguntar si en el mundo existirán dos iguales, e inclusive cree saber la respuesta.

Ese regalo es algo tan simple como un poster de “La vecindad del Chavo”, firmado por los actores que integraban el elenco en aquellos años.









Ya no estaban ni Ramón Valdés (Don Ramón), ni Carlos Villagrán (Quico), así que nunca estará completo del todo. Y es un regalo tan simple que lo cotidiano del momento no permitía entonces imaginar el significado trascendental que tendría veintiséis años después.



Un regalo, que si no fuera por la perspicacia ocasional de Raúl "Chato" Padilla (Jaimito, el cartero), hoy no tendría certeza de la fecha en que se firmó.

¿Astucia intencional? ¿Inercia absoluta? o ¿Simpleza cotidiana?
Sea cual fuera, ese mínimo acto inconsciente de anotar la fecha debajo de su firma, le otorga un valor agregado que nadie en aquella ocasión podría haber imaginado que tendría alguna vez, y que de estar ausente, no me permitiría recordar el año específico en que me lo habían regalado.




¿Firmaron todos el mismo día en el set de filmación?

¿Se tomó Angelines la molestia de recolectar las firmas faltantes en diferentes días de una semana o dos?


Todas estas y algunas más, son respuestas que nunca tuve y supongo que ya nunca tendré. Lo único cierto es que lo consiguió. Logró plasmar un gran recuerdo y hacerme tal vez uno de los mejores regalos de mi vida.



En el terremoto del ´85, el edificio no se derrumbó, pero como mis padres no querían tentar a la suerte decidieron mudarse a una casa, y luego en el ´88 regresamos a Buenos Aires para quedarnos a vivir hasta hoy. Una vez instalados aquí, la vida siguió su curso y por diferentes motivos, sin pretenderlo, perdimos el contacto con Angelines, y luego ella falleció en 1994.


"El Chavo del 8" es objetivamente, la mejor serie de habla hispana. Para entenderlo sólo tenemos que observar un detalle: es la única comedia en español que desde los años sesenta se ha emitido en todo el mundo repitiéndose hasta la actualidad sin parar.






Crecí siendo fanático de “El Chavo, “El Chapulín Colorado”, “Chespirito” y todos sus increíbles personajes, y aún hoy en día continúo siendo tan fanático como la primera vez. Los veía por televisión en México y los sigo viendo por televisión aquí.








Nunca pude conocer a nadie más del elenco, ni antes, ni ahora, excepto (según mi madre) a Edgar Vivar (El señor Barriga), que solía visitar a Angelines en su departamento, pero yo no lo recuerdo. Tampoco pude asistir a la sesión de firmas de Roberto Gómez Bolaños cuando vino a Buenos Aires en 2005, y por supuesto nunca regresé a México.

Pero más aún lamento no haber podido decirle gracias (ya siendo mayor), a Angelines por ese poster tan preciado, que hoy en día es un hermoso cuadro.
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