jueves, abril 09, 2009

SOBRE EL ORIGEN DE LAS HISTORIAS

Las ideas son la materia prima con la que se construyen las historias. Pero de dónde salen las ideas, nadie tiene la menor idea.

Las ideas surgen de pronto y en cualquier lugar. A veces son buscadas y otras parece que alguien las instalara en tu cerebro como un software de computadora. De un segundo a otro, no sólo tenemos la idea, sino que poseemos un paquete completo con elementos anexos a dicha idea. Junto a ella aparecen cientos de preguntas, respuestas y variantes sobre cómo y dónde utilizarla, además de miles de ideas más basadas en ella. Y lo que es peor (o mejor), la conciencia suficiente para saber acerca de la inminente aparición de incoherencias, falencias y puntos oscuros que surgirán ante una aplicación incorrecta.


El proceso creativo es sumamente extraño y apasionante. El hecho de crear un universo lógico partiendo de una serie de conceptos e ideas, a veces inconexas y disímiles, agrupadas incluso de manera desordenada, y por momentos hasta caótica, produce una satisfacción comparable sólo con otro tipo de creación. Pero no sólo crear es un proceso maravilloso. La tarea de analizar las diferentes etapas que transformaron todas aquellas ideas que parecían imposibles de combinar, en una obra final, es casi tan emocionante como el placer de ver realizada la obra.


Este análisis requiere de la minuciosa observación de recordar, y tal vez anotar, cual fue la decisión que nos condujo de un paso hacia el siguiente. Digo “tal vez anotar”, porque la creación avanza tan rápidamente que es imposible recordar cada paso en forma detallada. A veces, lo que parece un sólo paso en la práctica, en nuestra mente fueron dos milésimas de segundos de análisis exhaustivo de opciones y probabilidades, decisiones, conjeturas, desarrollos, reestructuración de la historia y cambios radicales.


Desmembrar esos pasos es como analizar una conversación entre dos personas para comprender cómo comenzaron hablando de un programa de televisión, siguieron hablando de la lluvia de la tarde, pasaron por la economía mundial, no sin discutir los problemas de su propio país; para terminar finalmente confesándole uno al otro su amor absoluto.

Me gusta analizar el camino que recorren mis ideas hasta transformarse en la historia final. Su evolución es exquisita y su desarrollo nos pone de testigos ante una mutación imperdible. Recuerdo casi todos los pasos seguidos, es muy interesante observar de qué manera y con que elementos, uno sale airoso del problema en que se metió tan sólo por aferrarse a una (supuesta) buena idea. Incluso leer las experiencias de otros autores en este aspecto ayudan a resolver problemas propios, así como saber que ninguna de las ideas que aparecen en el proceso creativo, por ilógicas que parezcan, deben ser descartadas ni consideradas inservibles, hasta demostrar su verdadera inutilidad. La idea más absurda puede redondearnos una historia, así como también una situación particular puede dispararnos una historia que nada tiene que ver con la idea original. Sólo se debe estar atento.
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