Una frase similar a la que figuró en el header de los últimos meses (y que ahora figura junto a este texto): “Los padres, los hijos y los abuelos, están hechos naturalmente para morirse. No debería haber problema con eso. El problema ocurre cuando se modifican drásticamente el cómo y el cuándo. Ahí sobreviene la mayor de las tristezas”, se me ocurrió en un viaje donde no tenía nada a mano para anotarla. 
Cuando conseguí papel para transcribirla, lo único que me salió fue la frase que está anotada allí. Pero ya no tenía el mismo sentimiento ni se parecía a la frase precisa e inmejorable que había surgido una hora antes en mi cabeza.
Al regresar a mi casa archivé esa nota junto a una pila de escritos con frases y puntas de historias que conservo para trabajar más adelante. Y cuatro meses después, al momento de armar la foto para el header, esa nota pasó sin planearlo, a ocupar el lugar preferencial que tiene ahora. Al releerla me di cuenta que no sólo no estaba tan mal escrita como pensaba, sino que no hacía falta retocarle nada para que transmitiera el clima y el mensaje que pretendía originalmente.
Nunca doy por terminado un guión sin antes alejarme un poco de él y dejarlo descansar un tiempo. Esta es una pausa obligada y necesaria, pues luego de un ligero intervalo, uno puede releerlo un poco menos enamorado de sus bellísimas e intocables frases, y serruchar aquellas que no son verdaderamente funcionales a la historia, sin ningún tipo de compasión.
